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Fernando Jiménez Ávila

Escrito por Fernando Jiménez Ávila
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En un bosque muy grande y antiguo convivían muchos animales. Esta selva era un lugar plácido, tupido de árboles centenarios, agua transparente y abundante alimento por doquier.

Era un gran sitio para vivir. Debido a la ubicación geográfica del bosque existían dos estaciones climáticas: verano e invierno. Y en este bosque los animales empezaban a sentir la incomodidad por el calor sofocante que hacía debido al intenso verano en aquel momento.

Para este tiempo escaseaba mucho el agua; la falta de agua estaba creando un ambiente desesperado para la selva y sus habitantes. Sin embargo, aún faltaba un suceso más en aquel bosque.

Aquel día hubo un gran incendio en la selva, el fuego se extendía a grandes chispazos a través de los árboles, mientras tanto, todos los animales huían despavoridos.

En mitad de la confusión, un pequeño colibrí empezó a volar en dirección contraria a todos los demás.

Los leones, jirafas, elefantes, ciervos, venados, todos muy asombrados miraban al pequeño y débil colibrí, pensando en qué hacía yendo directo hacia el fuego.

El pequeño pájaro volaba una y otra vez hasta un lago en el centro del bosque, cargaba unas pequeñas gotas de agua y las esparcía por sobre las llamas.

Finalmente, uno de los leones, que no podía creer que el colibrí hiciera toda aquella locura le preguntó: “¿a dónde vas? ¿Estás loco? ¿Qué pasa contigo? Tenemos que huir del fuego inmediatamente”.

El colibrí, un poco palpitante por el calor del fuego, se detuvo y mirando cómo todos huían del lugar, le contestó: “¿Recuerdan que en medio de la selva hay un lago?, pues voy volando a toda prisa, recojo un poco de agua en mi pico y vuelvo para ayudar a apagar el incendio”; asombrado el león, solo logró decir: “Estás loco, no servirá en absoluto, tú solo no podrás apagarlo”, el colibrí, en un tono tan seguro como resuelto, respondió:
“Es posible, ¡es posible!, en este bosque está mi vida, mi ido, mi familia y todo lo que construí, al igual que lo de todos ustedes, no quiero que desaparezca, este bosque nos ha dado todo, y me sentiría mal el saber que, pudiendo desde mi lugar hacer algo, no hice nada, es por eso que voy volando hasta el lago, recojo un poco de agua en mi pico y la tiro sobre las llamas para mitigar el fuego, sólo estoy cumpliendo con mi parte”

Y continuó, de nuevo, su vuelo hacia el lago…