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Escrito por Fernando Jiménez Ávila
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A través de la historia y hasta el inicio del siglo XX, la Administración se desarrolló con una lentitud impresionante como ciencia con respecto a otras áreas del conocimiento. Solamente a partir de este siglo pasó por fases de desarrollo de notable pujanza e innovación.

Mientras en los días de hoy la sociedad de la mayoría de los países desarrollados en una sociedad pluralista de organizaciones, donde la mayor parte de las obligaciones focales como la producción, la prestación de un servicio especializado de educación o de atención hospitalaria, la garantía de la defensa nacional o de la preservación del medio ambiente, es confiada a organizaciones como industrias, universidades y escuelas, hospitales, ejércitos, organizaciones de servicios públicos, que son administrados por grupos directivos propios para poder ser más eficientes.

En el final del siglo pasado la sociedad era completamente diferente. Hace 80 años, las organizaciones eran pocas y pequeñas: predominaban los pequeños talleres, los artesanos independientes, las pequeñas escuelas, los profesionales independientes; como los médicos y los abogados que trabajaban por cuenta propia, el labrador, el almacenista de la esquina, etc. A pesar de haber siempre existido el trabajo en la historia de la humanidad, la historia de las organizaciones y de su administración tuvo su inicio hace muy poco tiempo en relación a otras ciencias.


Influencia de los filósofos griegos

La Administración recibió enorme influencia de la filosofía, desde los tiempos de la antigüedad. Haimann, como también Koontz y O`Donnell se refieren al filósofo griego Sócrates (470 a. C. – 399 a.C.) quien, en su discusión con Nicómaco, expone la apreciación de la Administración como habilidad personal separada del conocimiento técnico y de experiencia.

Platón (429 a.C. – 347 a.C.), filósofo griego, discípulo de Sócrates, se preocupó profundamente por los problemas políticos y sociales inherentes al desarrollo social y cultura del pueblo griego.

En su obra, La República, expone su punto de vista sobre la forma democrática del gobierno y sobre la administración de los negocios públicos.

Aristóteles (384 a.C.- 322 a.C.), otro filósofo, griego, discípulo de Platón, del cual discrepó bastante, dio enorme impulso a la filosofía, principalmente a la cosmología, a la gnoseología, a la metafísica, a las ciencias naturales, abriendo a las perspectivas del conocimiento humano de su época. Fue el creador de la lógica. En su libro de la política, estudia la organización del estado y distingue tres formas de administración pública a saber:

  1. Monarquía o gobierno de uno solo (que puede degenerar en tiranía)
  2. Aristocracia o gobierno de una élite (que puede degenerar en oligarquia)
  3. Democracia o gobierno del pueblo (que puede degenerar en anarquía)

Durante los siglos que van de la antigüedad hasta el inicio de la edad moderna, la filosofía se dirigió hacia una variedad de preocupaciones que nada tenían que ver con los problemas administrativos.

Es con Francis Bacon (1561-1626), filósofo y estadista inglés, considerado el fundador de la lógica moderna, basada en el método experimental e inductivo, que vamos a encontrar alguna preocupación práctica por separar experimentalmente lo esencial de lo accidental o accesorio.

Bacon se anticipó al principio conocido en administración como “principio de la prevalencia de lo principal sobre lo accesorio”.

Realmente, el mayor exponente de la época fue René Descartes (1596-1650), filosofo, matemático y físico francés, considerado el fundador de la filosofía moderna, Las famosas coordenadas cartesianas fueron creadas por Descartes y fue muy valioso el impulso que le dio a las matemáticas y a la geometría de la época. En la filosofía se hizo célebre por su libro El discurso del Método, donde describe los principales conceptos de su método filosófico, “Método Cartesiano”, cuyos principios son:

1.- Principio de la duda sistemática o de la evidencia: Consiste en no aceptar como verdaderamente alguna cosa, mientras no se sepa con evidencia – o sea clara y nítidamente- aquello que es realmente verdadero. Con esta duda sistemática se evita la prevención y la precipitación, aceptándose apenas como cierto aquello que sea evidentemente claro.

2.- Principio del análisis de la descomposición: Consiste en dividir y descomponer cada dificultad o problema en tantas partes como sea posible y necesario para su mejor adecuación y solución, y resolverlas cada una separadamente.

3.- Principio de la síntesis o de la composición: Consiste en conducir ordenadamente nuestros pensamientos y nuestro raciocinio, comenzando por los objetivos y asuntos más difíciles y simples de conocer, para encaminarnos gradualmente a los más difíciles.

4.- Principio de la enumeración o de la verificación: Consiste en hacer en todo, recuentos, verificaciones y revisiones tan generales de forma que nos quede la seguridad de que nada se ha omitido o dejado de lado.

Como se puede observar cada uno de estos principios se los aplica en la Administración como ciencia, es decir que utiliza métodos matemáticos en sus operaciones y actividades administrativas.

Tomas Hobbes (1588-1679) desarrolló una teoría del origen contractualista del Estado, según la cual el hombre primitivo, viviendo en estado salvaje, pasó lentamente a la vida social a través de un pacto entre todos. Más aún, “El hombre es lobo del propio hombre”, o sea, el hombre primitivo era un ser antisocial por definición, viviendo en guerra permanentemente con sus vecinos. El Estado vendría ser, por lo tanto, la inevitable resultante de la cuestión, imponiendo el orden y la organización en la vida social, como el Leviatán. Éste, al crecer, presenta las dimensiones de un dinosaurio, amenazando la libertad de todos.

Jean – Jacques Rousseau (1712-1778) desarrolló la Teoría del Contrato Social: el Estado surge de un acuerdo de voluntades. Rousseau imagina una convivencia individualista, viviendo los hombres cordial y pacíficamente, sin fricciones con sus semejantes. Sin embargo, si el hombre es por naturaleza bueno y afable, la vida en sociedad lo corrompe.

Kart Marx (1818-1883) y su socio Frederich Engels (1820-1895) proponen una teoría del origen económico del Estado. El surgimiento del poder político y del Estado es nada más que el fruto de la dominación económica por el hombre. El Estado viene a ser un orden coactivo impuesto por una clase social explotadora. En el Manifiesto Comunista, afirman que en la historia de la humanidad siempre fue la historia de la lucha de clases. Hombres libres y esclavos, patricios y plebeyos, nobles y siervos, maestros y artesanos, y en una palabra, explotadores y explotados, siempre mantuvieron una lucha, a veces oculta, a veces patente. Marx afirma que todos los fenómenos históricos son el producto de las relaciones económicas entre los hombres. El Marxismo fue la primera ideología en afirmar el estudio de las leyes objetivas del desarrollo económico de la sociedad en la oposición a los ideales metafísicos.

Varios principios de la moderna Administración, como los de la división del trabajo, del orden y del control, etc., están básicamente contenidos en los principios cartesianos.

Con el surgimiento de la filosofía moderna, deja la Administración de recibir contribuciones e influencias, ya que el campo de estudio filosófico se aleja enormemente de los problemas organizacionales.

La influencia de la Iglesia Católica

A través de los siglos, las normas administrativas y los principios de la organización pública se fueron transfiriendo de las instituciones de los Estados; como en el caso de Atenas, Roma, etc., hacia las instituciones de la naciente Iglesia Católica, y para las organizaciones militares. Esa transferencia se hizo lenta, pero efectivamente, tal vez porque la unidad de propósitos y de objetivos - principios fundamentales en la organización militar- no siempre se encontraba en la acción política que se desarrolla en los Estados, generalmente movida por objetivos contradictorios de cada partido, dirigente o clase social.

Muchos autores han realizado investigaciones sobre la estructura de la Iglesia Católica, mostrando su organización en el tiempo, su jerarquía de autoridad, su estado mayor (asesoría) y su coordinación funcional. La Iglesia tiene una organización jerárquica tan simple y eficiente que su enorme organización mundial puede operar satisfactoriamente bajo el mando de una sola cabeza ejecutiva: el Papa, cuya autoridad coordinadora, según la Iglesia Católica, le fue delegada de forma mediata por una autoridad divina superior.

De cualquier forma, la estructura de la organización eclesiástica sirvió para incorporar una infinidad de principios y normas administrativas utilizadas en la Iglesia Católica.

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