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Escrito por Fernando Jiménez Ávila
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En un rincón olvidado, sentado en su banquita, mirando el atardecer del invierno, un triste y viejo suteymista lloraba.

De sus ojos, extrañas lágrimas le escurrían por el rostro, sin saber el porqué, se las conté: fueron siete.

Con las ganas incontenibles de saber el motivo, me aproximé y lo interrogué: Habla, mi viejo suteymista. Dile a tu eterno aprendiz por qué externas así tan visible dolor.

Él, suavemente, me respondió: ¿Estás viendo a estos hermanos suteymistas que entran y salen?, las lágrimas que contaste están dedicadas a algunos de ellos.

La Primera, es por esos indiferentes, que no valoran la historia, la filosofía, los principios y los valores del Sindicalismo y de su lucha, y aquí vienen en busca de distracción, para salir ironizando aquello que sus mentes ofuscadas no pueden concebir.

La Segunda, me la arrancan esos eternos inseguros que pretenden creer desacreditando a los viejos suteymistas y a los que aportan trabajo y dedicación y que dan esperanza a los demás, y a la expectativa de un milagro que les haga alcanzar aquello que sus propios méritos les niegan.

La Tercera, se distribuye a los malos, a aquellos que solamente asisten a las asambleas para promover la discordia entre los hermanos suteymistas.

La Cuarta, es por los hermanos suteymistas fríos y calculadores que, aún sabiendo que existe una Fuerza Espiritual, procuran beneficiarse del Sindicalismo de cualquier forma y no conocen la palabra Amor ni Solidaridad.

La Quinta, va a los que llegan con suavidad, tienen la sonrisa y el elogio a flor de los labios, pero si pudiéramos ver bien su semblante, veremos escrito en el rostro: Creo en el SUTEyM, en el Sindicalismo y en mis hermanos suteymistas, pero sólo si pudiera servirme de ellos.

La Sexta, se la doy a los fútiles, insignificantes, que van a las asambleas buscando acercamientos para cobijarse pero sus ojos revelan un interés diferente.

La Séptima, mi amado hermano suteymista, ¡fue grande y se deslizó pesada! fue la última lágrima, aquella que vive en los ojos del Verdadero Suteymista. Que estas lágrimas, querido hermano suteymista sirvan para recordarle a los hermanos suteymistas vanidosos que olvidan que existe el respeto y que existen hermanos suteymistas necesitados de caridad y tantos seres humanos necesitando del amparo material y espiritual.

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