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Escrito por Fernando Jiménez Ávila
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Un viejo sindicalista decía acerca de sí mismo:

Fui un revolucionario de joven, y mi idea era cambiar el mundo y me decía:

"Quiero Transformar el Mundo."

Ya adulto fui que me inicié sindicalista con esa firme idea de cambiar el mundo.

Y me dí cuenta luego de que había pasado el tiempo sin haber logrado cambiar nada.

Transformé mi idea y comencé a decirme a mí mismo:

"Cuando menos, tendré la gracia de cambiar a cuantos entran en contacto conmigo. Aunque sólo sea a mi familia, a mis amigos y a mis compañeros de lucha y labor. Me doy por satisfecho si cambio de pensar a unos cuantos. "

Ahora, que ya soy un viejo sindicalista y tengo los días contados, he empezado a comprender lo estúpido que he sido toda mi vida. Mi única idea hubiera sido la siguiente:

"Debí tener la capacidad de cambiarme a mí mismo."

Si yo hubiera pensado de este modo desde el principio, no habría malgastado toda mi vida, tratando de cambiar la manera de ser de los demás. Y es seguro que, si yo me hubiera transformado, otros muchos más junto conmigo también lo habrían hecho para bien.

 

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